Latinoamérica aportando a la paz en Medio Oriente

Encuentro con el Canciller Patriota en Itamaraty

Es creciente el interés de los estudiantes de Relaciones Internacionales brasileños por los conflictos de Medio Oriente, en particular por la cuestión árabe-israelí. Creo que guarda relación con el protagonismo que Brasil ha logrado en los asuntos globales en la última década. Sin embargo, este interés parece más vinculado con el estudio del conflicto per se que por algún deseo de transformarlo. La pregunta esencial a nuestros "internacionalistas", ¿Cómo puede la diplomacia brasileña ayudar en la resolución del impase histórico entre Israelíes y Palestinos? Simplemente no es hecha. 

Y cuando a las autoridades del gobierno les interesa comprometerse con la cuestión, como en la viaje del Presidente Lula a Israel y a los territorios palestinos en marzo de 2010, la investida diplomática ocurre de manera muy poco pensada. Eso porque la política exterior de Brasil ha demostrado baja sensibilidad a las amenazas que vecinos como Irán, por ejemplo, representa a la sociedad israelí (e incluso a muchos países árabes). No olvidemos que Ahmadineyad visitó Brasilia en noviembre del año anterior, el primer paso para la (controvertida) negociación nuclear que se concluyó seis meses después en Teherán y que no ha satisfecho ni a los Estados Unidos ni a la administración Netanyahu. 

El deseo brasileño por envolvimiento en el Medio Oriente y sus obstáculos 

El fracaso brasileño en desempeñar un papel más relevante en los asuntos del Medio Oriente es comprensible. La primera razón es histórica: desde el punto de vista del Estado, la diplomacia del Itamaraty nunca tuvo que batallar por su sobrevivencia. Es decir, no son parte de la narrativa del país los conflictos formadores que, para otras naciones, han determinado sus fronteras, su pueblo y su existencia. Además, poseedor de un territorio continental, disputas territoriales son minimizadas en el discurso diplomático brasileño. Todos los problemas se solucionan por el diálogo, como ha dicho el Presidente Lula en el Knéset, delante de espectadores céticos. La seguridad, tan cara al pueblo de Israel, fue un tema casi ignorado - como si, para Brasil, la amistad entre pueblos pudiera llegar a través de una negociación sincera y del reconocimiento mutuo, y nada más. O, más grave: al lado de Shimon Peres, delante de empresarios israelíes y brasileños, Lula sugirió que podría solucionar el conflicto regional por llevar el "virus de la paz" en sus genes . Un chiste que, para algunos, fue tomado como ofensa por razones obvias. 

La segunda razón es coyuntural: bajo el gobierno de lo Partido de los Trabajadores (PT), la política exterior brasileña ha representado una renovada inserción pragmática hacia el status de potencia global. La diversificación de socios estratégicos, como señalan Tullo Vigevani y Gabriel Cepaluni , se firmó como uno de los pilares de la diplomacia de Lula da Silva. Gran énfasis fue dado a las iniciativas de cooperación sur-sur, como el Fórum IBAS (India, Brasil y África del Sur) o la concertación política de los BRICS (añadidos Rusia y China); a los procesos de integración sudamericanos; y a la aproximación de países africanos y de Medio Oriente. Además de la dimensión comercial, que sin duda representó un factor muy importante hacia esta diversificación, hay que considerarse sus metas políticas, la más fundamental de ellas la aspiración de lograr un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). 

Estos atributos de las relaciones exteriores de Brasil, en vez de avanzaren con los lazos bilaterales con Israel (ya que hubo un claro interés estratégico por el Medio Oriente), crearan un clima de desconfianza en Tel Aviv. El deseo de una presencia más activa en la región por parte del gobierno Lula no parecía ser el gran problema. Tanto es que el intercambio comercial creció de manera significativa entre 2003 y 2010, tal vez impulsado por las negociaciones del Acuerdo de Libre Comercio Mercosur-Israel - el primer acuerdo extra-regional firmado por el bloque del Cono Sur el diciembre 2007 . Ahora bien, los socios que Brasil ha elegido como prioritarios por allá - Libia, Siria e Irán, especialmente los dos últimos -, son obstáculos manifiestos a una relación más duradera con los israelíes.